Café o Agua Sucia

La luz de la tarde empezaba a enfriar las encalcinadas paredes de los locales del puerto. Las puestas de sol, en Boston, no son agradables. El sol, nunca ilumina los últimos minutos de café y las colinas enfrían todavía más las brisas que provienen del oceano atlántico. Huele a pescado rancio, salitre, sudor y demasiado a menudo a heces humanas y a sexo. O a todo junto que es lo mismo que decir que cuando los enfermos estibadores y marineros se encuentran, o bien se pelean o bien fornican como animales desesperados. A veces incluso, las prostitutas de la calle 32 deciden bajar hasta el puerto para dejarse encular tambien y ganar unos dólares.

Mi lugar de trabajo. Me aprovecho de esta púrria y esta púrria me dá de comer. El lugar perfecto para intimidar a la señora Ray y comentarle mis planes de futuro.

El lugar escogido lo tiene todo. Mugre en las paredes, un sólo baño (nadie nunca supuso que ahí acudirían mujeres), vasos de cristal desgastados y opacos por el tiempo, bancos raidos y de madera verde descascarillada, marineros tatuados, y eso sí, el café más fresco de Boston pues es donde los estibadores cogen fuerzas durante sus largas jornadas de trabajo.

La Señorita Ray no parecia estar afectada por todo lo que la envolvía. Yo me divertía enormemente viendo como había conseguido traerla hasta aquí, pero su pasividad ante la mugre, la mirada insaciable de esos hombres y el desesperante olor no la conmovió.

¿Es tan fuerte esa voluntad de lograr esa fuente de la juventud eterna? ¿Acaso no se supone que alguien como ella debería horrorizarse tansolo con la mención de la palabra cucaracha?

Estuvimos hablado durant un buen rato. Las luces de fuera del local se encendieron y el mesero colocó una vela en cada una de las mesas de madera que grasientas y desgastadas llenaban la habitación.

Ray me habló con tranquilidad. Ella misma parecía estar en otra órbita, en otra galaxia, absorvida por la devoción de alguien que habla de un tema del que le depende la vida, pero con la frivolidad de un maestro de párvulos aleccionando a sus pupilos.

Debo admitir que logró convencerme. No es la falta de motivaciones en esta vida lo que me mueve, pero aunque tambien considere a Ray algo loca por sus aspiraciones personales, no logré ver en ella ningun atisbo de maldad. Es inocente, como los niños. Quizás sea por ello que confío en ella.

Nota del Autor: El autor advierte que todo el contenido de esta historia es ficticio y en nigun caso se refiere a personas reales.