El Sueño de Lenox Hill

Ayer ocurrió algo curioso. Al despertar de entre las blancas sábanas de nuestras camas en el Hospital de Lenox Hill en Nueva York, quise comentar el extraño sueño a mis compañeros, heridos y estirados en las camas contiguas y cuál fue la sorpresa de todos cuando descubrí que en nuestras imaginaciones oníricas se nos habían aparecido las mismas visiones.

El primer elemento en común era una Isla, en medio del mar. Un mal de azul intenso. Océano me atrevería a decir. En esa Isla había una Cueva, de entrada semicircular y gruta con pendiente descendiente. Aun a pesar de ser una cueva de origen natural, su entrada estaba decorada por relieves esculpidos y encima de todos ellos, el símbolo del disco que hemos visto en fotografía.

Estabamos todos de pie ante esta cueva y de repente todo empezaba a temblar. El sol se eclipsaba detraás de una figura emergente y las aguas del mar se crispaban hasta convertirse en blanca espuma.

Por lo que he podido deducir de mis últimas conversaciones y artículos leidos sobre el tema, este no es un sueño profético. Sólo los profetas disfrutan de ese privilegio. Este, se trata de un sueño vívido, es decir, un mensaje a nuestras mentes lanzado por alguna entidad superior y probablemente sobrenatural. Eso explicaría el hecho de que todos nosotros tuvieramos el mismo sueño con el mismo desenlace.

Preguntando a mis compañeros por la mañana me comentan que el monstruo que despertó nuestro terror en el sueño no es otro que el gran Chtulhu, y la isla donde nos encontrabamos era la isla de R’yleh.

El Terror era absoluto hasta que una figura, de grandes barbas y pilotando un carro hecho con una caracola gigante se presenta ante el gran Chtulhu y empieza una batalla entre titanes. Este es Nodens, una deidad benigna al servicio de la humanidad. Al terminar el sueño, despertamos todos y sin palabra alguna, pude llegar a entender que ahora estabamos más unidos que nunca.

extracto del diario de Ruggerio Acqua.

Nota del Autor: El autor advierte que todo el contenido de esta historia es ficticio y en ningún caso se refiere a personas reales. Feliz año nuevo

Tiroteo en Nueva York

He despertado de un amargo sueño. Disco? Alguien dijo que teníamos undisco? Maldito iluso. Deberíamos terminar con estos zoquetes de guardaespaldas que nos rodean. Mucho músculo y poco seso. No tenemos ningún disco, sino tan solo una fotografía sepia y desgastada por las esquinas de ese disco. También puedo afirmar que antes de ver esa foto, ya me sonaba. Déjà vu? No creo. El resto de compañeros también parecen haber soñado con dicho objeto.
De repente, vuelvo a la realidad. ¡Estoy sangrando! Tengo que salir de aquí. Nos encontramos en la sede de una mirada al futuro y como no pensemos rápido y con claridad, el único futuro que nos queda será el que nos mirará a nosotros como se nos coman los gusanos.
Alrededor tengo seis cuerpos inertes. Uno es Duke. ¡Maldita seas abogado! ¿Tenias que ir muriendo semana si semana también? Esta vez no creo que haya nada que hacer, si te regresamos a la vida no serás más que un baboso frontalizado pues tus sesos están desparramados y goteando del cristal ahumado de la salita de estar. Todavía humean. Pero ya nada me recuerdan a ti ni tus lecciones magistrales de abogado colegiado.
Podría ser peor, sí, podría llegar la policía. Miro mi revolver, quedan dos balas, quito los casquillos y justo en el momento en que estoy recargando el tambor, portazo!
Me giro lentamente pues al sonido de ¡Alto, Policía! Sólo un loco se atrevería a seguir disparando con tantas bajas.
A primera vista no le reconozco. Su silueta se recorta a contraluz en el umbral de la puerta. Pero ese pelo engominado, algo más corto que el mío me suena. A medida que mis ojos se acostumbran al haz de luz, lo tengo más claro. ¡Teniente Logan! Qué sorpresa! No me mira ni un instante, su locura parece haber desaparecido por completo, alza el arma, me apunta, me mira a los ojos y toda mi vida pasa en una décima de segundo por mis retinas.
Una décima de segundo que él aprovecha para desviar el brazo que empuña el hierro, apuntar a Brian Slim y abrir fuego sin piedad.
Mas sesos, más materia gris derramada y un zumbido que me recuerda que sigo vivo. Creo que voy a necesitar una explicación de lo sucedido. No entiendo nada. Pero sigo vivo. Me levanto como puedo, incluso, si no me falla la memoria, con la ayuda de Logan y nos introducimos en un automóvil abandonando el lugar y dirigiéndonos al Hospital de Lenox Hill en la calle 77

Nota del Autor: El autor advierte que todo el contenido de esta historia es ficticio y en ningún caso se refiere a personas reales.

Rioko Owari: Reflexiones y Sueños

Extracto del diario de Isawa Musashi shukenja del Clan del Fénix:

La caza de los bandidos me vendrá bien, esta ciudad y su corrupta gobernadora me asquean, en cambio un paseo por el campo me parece refrescante, solo lamento la sangre que va a ser derramada en el vacío nombre de la gloria, que no honor, estos conceptos cada vez se me antojan más contradictorios, ¿qué honor puede haber en la batalla? Me educaron para restañar la sangre no para derramarla y mucho menos para participar en impuros interrogatorios… esa parece ser la afición principal de mis compañeros.

Por otra parte nuestro compañero escorpión parece que desea iniciar un subterfugio con el fin de drogar a los pobres desgraciados a los que vamos a cazar como a bestias, bien, en el fondo lo apruebo, si tiene que haber derramamiento de sangre al menos que sea el mínimo y con el mínimo dolor.

No me gusto la batalla… en ella murió mucha gente, incluido un samurái de nuestro sequito (Otaku Naishi) por la que no pude hacer nada, pronto se clamo venganza, la sangre llama a la sangre, los prisioneros fueron ejecutados por vanas disputas de honor. En realidad fue un seppuku encubierto, ya que para cubrir a su jefe los samuráis insultaron a mis compañeros.

Eso fue una conducta honorable. ¿Qué honor hay en matar a un enemigo indefenso?, me pregunto, ¿por qué no se le dejo defenderse si estaba en cuestión el honor de la familia Kakita?, ¿no tuvo razón al llamarle cobarde?… extraños pensamientos de una noche en Rioko Owari.

Yo por mi parte no participe en todo esto, fui a purificarme justo después de la batalla en la que no empuñe arma alguna, más bien me dedique a cerrar las crueles heridas que estas producían.

De regreso a la ciudad, tuvimos una visita inesperada: Desvanecido, el capitán de los bandidos se presentó en nuestra residencia, nos dijo que no nos entrometiéramos sus asuntos y el no interferiría en los nuestros, se negó a dar cualquier explicación o colaboración, le pregunte que porque no le prendíamos por bandidaje y se limito a decir que no podíamos, lo cual me resulto ridículo, poco después me desperté en mi lecho, todo fue un sueño, todos mis compañeros habían tenido el mismo…

Nota del Autor: El autor advierte que todo el contenido de esta historia es ficticio y en nigun caso se refiere a personas reales.