En las afueras de Cannich

Extracto del diario privado de Ruggerio Acqua.

Llegamos a la conclusión de varias cosas. Primero que Carl Standford siempre lleva encima una caja portal. Así que la próxima vez que tengamos una, deberíamos investigarla con un poquito más de ganas.

Segunda es que ocurra lo que ocurra, siempre viene alguien detrás a limpiar todas las pistas de la orden. Así que quedarse a ver quien se pasa por el lugar del crímen la próxima vez, tampoco debería ser una mala idea.

En el accidente del barco, estamos casi seguros qeu erdimos las armas del futuro ak47 y a nuestros fieles guardaespaldas. El barco, se llamaba Ceres y se dirigía al puerto de Clyde. Nunca llegó, pero los guardas costeros nos llevaron directamente a Inverness.

Mi libro de pregarias está mojado y mi rosario, gracias a dios, está en buen estado.

En la comisaría hay un cartel de “se busca” de un tal “Belphegor” por asesinato y secuestro. Habíamos oido hablar de ese tal Belphegor en la sede de “una mirada al futuro“.
Vamos a la mansión de Jacob Hancock que no sabía que ibamos en el transatlántico accidentado. Parece que no confía en Scotland Yard pero tampoco no hace nada por ir armado. Cuando ve nuestra preocupación al respecto, nos advierte que en la casa de su tio en Cannick, muy probablemente haya todo tipo de rifles de Caza.

Jacob dice que abandonará Inverness pero que…. y en ese momento muere envenenado por un dardo. Rápido de reflejos, cojo el rifle de dos cañones de encima de la chimenea y persigo al atacante que escapa ya que el arma no estaba cargada.

Juraría por sus rasgos que se parecía a Belphegor así que llamamos a la policía.

El inspector Liam McDougall nos atiende. Dice que Hancock ha desaparecido y Chrisholm, también. Ellos eran socios y su casa y coche siguen intactos. Un Angus-Sanderson increiblemente veloz.

El policía nos entrega las llaves de Cannich y nos advierte que Belphegor es un hombre peligroso.

Para ir a Cannich debemos coger una carretera secundaria pero es un sitio turístico que se encuentra a unos trescientos kilómetros

Con el Angus Sanderson iremos al día siguiente. Así que dormimos en un hotel vamos de compras y encabezamos hacia Cannich.

 

Nota: Todo esto es fictício, no te lo creas tío.

Cruzando el Atlántico (4)

Tras las accidentadas navidades que nuestros aguerridos aventureros han pasado en el mar, sin agua, ni comida, ni perrito que les ladre, acompañados de la siempre entrañable y reconfortante lectura del necronomicon y en un estado mental deplorable a dia 29 de diciembre de 1928 se encuentran en la ciudad de Inverness(escocia) donde son interrogados por la policia al llegar, tan solo la fama y persuasión de la Srta. Ray(acompañado por su generoso escote…) consiguen desviar atencion del Inspector Liam MacDougall sobre porqué los unicos supervivientes del teorico accidente del Ceres(el transatlantico de primera en el que viajaban) van armados hasta los dientes i enloquecidos. Tras este desagradable tramite se encuentran sin posesiones ni ropa tan solo con el dinero en efectivo que llevaban encima en una ciudad desconocida, deciden por tanto presentarse en casa de Jacob Hancock, el hijo del Sr. Hancock, quien les atiende gustosamente, pero de nuevo es asesinado utilizando un pequeño dardo envenenado, Ruggerio consigue identificar a Belphagor un reputado criminal en busca y captura en UK y con precio puesto a su cabeza, tras esta informacion consiguen las llaves de casa del Sr. Hancock, logran tambien enterarse sobre la excavacion que este ultimo estaba realizando en el lago, los jugadores por tanto deciden equiparse debidamente y se dirigen en dos coches direccion a Cannich….
Que peligros les esperaran en esta pequeña aldea pesquera? podran encontrar al Sr. Hancock?

todo estoy mucho mas en nuestro próximo episodio de “corre Patxi corre que este bicho es muy grande…”

 

Nota del Autor: Se trata de una obra ficticia, y no inspirada en personajes reales. ¿lo captais?

Cruzando el Atlántico

Este crucero empieza a ser más movidito de lo normal. Después del tiroteo y comprobar que no hay un cuerpo muerto sino unos restos de sal, de color blanco grisáceo, los recojo con un periódico y los lanzo al viento y a la inmensidad de la mar. Adiós querido enemigo. Había dormido una par de horas, y la verdad, mi cuerpo necesitaba más sueño, así que me recluyo otra vez en mi camarote de ventanales amplios y me relajo otra vez en la cama al ligero zumbido del motor diesel que ronronea en la lejana panza del buque.
A las tres y media de la madrugada llaman a la puerta. Primero unos toques suaves, confundidos en los sonidos de mis sueños y luego un repicar más fuerte y estridente que termina despejándome. Se trata del teniente Logan y viene con el pretexto de creer haber encontrado al responsable de nuestro enemigo zombi que la brisa se llevó. Así que vamos hasta la puerta del camarote del supuesto responsable, y para asegurarnos que no envíe ningún nuevo monstruo a nuestra caza, atranco la puerta con una vieja, y probablemente inútil técnica de pandillero juvenil.
Unas horas de sueño más tarde y varías millas marítimas más cerca de nuestro destino en Europa, nos despertamos y vamos a desayunar. Al pasar por la puerta que decidimos atascar la noche anterior, vemos como de la triquiñuela hecha con miga de pan, no queda ni rastro. Malditos, lograron escapar.
En el desayuno, la Señorita Ray y yo, Ruggerio Acqua, disfrutamos de unas maravillosas tortas inglesas y café americano con la compañía de Norman, un empresario supuestamente amigo de Hancock. Dice Norman también dirigirse a Inverness, lo que resulta una extraña coincidencia pues si lo que dice es cierto, nos acompañaran el resto de nuestro camino.
Cuando empezamos a intimar en cuestiones familiares y de negocios, la Esposa de Norman parece ponerse más nerviosa, lo que aprovecho para ponerla a prueba, así que sutilmente le dejo caer mi taza de té encima para poder ver así en qué camarote se alojan.
El resto del día pasa sin ningún otro tipo de incidencias. Sin embargo esta pareja, no huelen demasiado bien. Podrían ser unos estafadores que se alojan en la clase turista, concretamente en el camarote numero 38 y no parecen ser naca sinceros al decir que conocen a Hancock como amigo. Obtenemos también la promesa del capitán de mostrarnos todo el buque y sus dependencias en caso de que se lo solicitaramos.

Nota del Autor: Los personajes aquí señalados son ficticios, y confundirlos con la realidad, no solo denotan una falta de buen gusto sino un sentido del humor y la ironía bastante mermado. El resto, como dijo Nietszche, es locura.